La Revolución de los Paraguas y el espíritu de nuestros tiempos

Hong Kong fue sacudido por paraguas en protesta. Los grandes medios de comunicación del mundo han presentado los hechos desde la óptica del poder que media sus rutinas productivas. Occidente aprovecha esta oportunidad para arremeter contra el establishment chino, alegando la falta de democracia que existe en esa nación y su protectorado hongkonés. Con ello ocultan el verdadero reclamo de los manifestantes que ocupan las calles de ese enclave financiero.

Lo que comenzó como una protesta estudiantil reivindicando los derechos al sufragio universal se convirtió en toda una rebelión que nos recuerda a las marchas de los “indignados” y los movimientos del 15M. Bajo las frecuentes lluvias miles de personas se congregan en el centro financiero de esta ciudad para exigir elecciones donde los candidatos representen los verdaderos intereses de la población.

Pero lo que suele remarcarse es el medio, o sea, la obtención de plena democracia. Sin embargo, nunca hablan acerca de cuál es la situación de vida de la población hongkonesa que los impulsa a desafiar a su gobierno con estas gigantescas manifestaciones.

Pese a que Hong Konk es visto como uno de los centros financieros y económicos más importantes del mundo siempre se descuida el dato que uno de cada cinco habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza y es una de las sociedades más desiguales  del planeta. Semanalmente tienen 49 horas laborables, es decir, 9 horas más que las 40 habituales. El salario promedio es menos de la mitad que el de EE.UU., y los precios de las viviendas son uno de los más caros del orbe.

Esta antigua colonia británica está controlada por una oligarquía insertada en el imperio mundial del capitalismo, y no resulta sorprendente que los ciudadanos quieran rebelarse contra un orden de cosas que cada día atenta más contra su estilo de vida.

La lucha de estos paraguas no es solo por la democracia y la conquista de los derechos y libertades fundamentales, sino contra el sistema neoliberal que los domina. Hoy esta “revolución”, encabezada por jóvenes que no temen al régimen mal llamado comunista de Pekín, exige una democracia verdadera y, no una formal que no solucionará los problemas con que se enfrentan día a día; pero mañana saldrán a pelear por cambios más radicales y tendrán propuestas concretas capaces de establecer una nueva agenda para su propio gobierno.

Ese es el espíritu que debe predominar en estos días. El reto consistirá en que estos chicos no asuman esta experiencia como un momento para recordar, sino que formen un grupo sólido y firme que continúe la lucha hasta la obtención de sus metas.