Socialismo: ¿simple elección o futuro inevitable?

Una de las secuelas más dañinas que provocó en el movimiento revolucionario mundial el proceso de desmontaje del socialismo en Europa del Este y la URSS fue el planteamiento teórico que polemizó sobre el carácter del socialismo como formación económico-social (FES). Por aquel entonces se llegó a la conclusión  (me refiero a los Gorbachov y cía.) de que el socialismo era solo una opción de los pueblos. Este argumento desconoció y contradijo la premisa de los clásicos del Marxismo-Leninismo que lo presentaron como el futuro inevitable al que llegaría la humanidad tarde o temprano  dadas las contradicciones estructurales del sistema capitalista.

Luego del derrumbe del Campo Socialista la confusión ha continuado entre aquellos que depositan sus esperanzas en la alternativa socialista. Y es justamente así, como una “alternativa”, que lo han asumido, diluyendo la palabra “socialista” y sustituyéndola por cualquier otra, que en definitiva lleva sus mismos argumentos. Esto solo ha traído debilidad al espíritu que fundara La Internacional. Hoy los movimientos obreros, sindicales, estudiantiles, de minorías sociales, etc, se ven enajenados los unos de los otros por disputas sin sentido que ni ellos mismos recuerdan cuándo se iniciaron.

Con todo esto el gran vencedor ha resultado ser el capitalismo, quien con una oposición desunida, continúa expandiéndose libremente por el mundo sin que exista fuerza que lo contenga. Sí, porque es eso lo que hay que hacer: contenerlo, frenarlo y destruirlo, no podemos esperar a que caiga por sí solo. Y eso lo lograremos con un Frente Unido de todas las fuerzas “alternativas” al capitalismo, capaz de implantar un nuevo orden mundial.

Para los países que dice estar en transición al socialismo los problemas no son menos. Y es natural, aún no ha pasado un siglo desde que se iniciara por vez primera en un país la construcción de la FES Comunista. ¿Cuánto tiempo le llevó al capitalismo desarrollarse e imponerse? ¡Más de cinco siglos! Es por eso que debemos ser pacientes y perseverar. Debemos aprender de las experiencias  socialistas habidas y asumirlas tal y como fueron a fin de aprender de estas sin prejuicios ni dogmatismos.

Entre los problemas de base que tienen estas sociedades en tránsito al socialismo se encuentra, en primer lugar, qué entienden ellos por Socialismo. Una definición clara y precisa aún está pendiente, y es ese el motivo fundamental de los subsiguientes desvaríos teóricos y prácticos. Hay quienes lo asumen como un ideal y hay quienes lo asimilan como praxis innegable de lo cotidiano. No obstante, ambas posturas se pierden constantemente en la necesaria diferenciación que debe existir entre el futuro, como lugar de objetivación de lo deseable, y el presente, como momento de concreción de las tareas a fin de objetivar lo idealizado y colocado en el futuro.

Concebir al Socialismo como un proyecto, como algo que se construye hoy, pero que solo lo obtendremos en un mañana (que no se sabe cuándo llegará), solo propicia el desaliento y la apatía entre los ciudadanos. No percibir muestras palpables de los cambios conlleva al descrédito del poder político que dirige la transición. Por otra parte, si se entendiera al socialismo como el hoy y el ahora, el ciudadano podría afirmar orgulloso “el sistema soy yo" y no existirían dudas al respecto. Claro, esta forma de entenderlo choca con la comprensión heredada de los clásicos acerca de cómo construir el socialismo sobre las ruinas del capitalismo. Son justamente estas teorías las que hablan acerca de los diferentes períodos de transición y las etapas por las que se debe transcurrir para llegar al Comunismo. Desde Marx hasta los teóricos y líderes más contemporáneos, pasando por Lenin, Gramsci, Che, Fidel y Chávez, todos hablan de los largos y necesarios momentos de transformación por los que la sociedad debe transitar en pos de preparar la base económica necesaria (la llamada “acumulación originaria socialista”) a fin de lograr las prebendas prometidas.

Pero en lo que llega ese punto, que en definitiva nadie sabe cómo es ni dónde queda, los pueblos se aburren y decepcionan. Adoptar esa filosofía y estilo de vida del “deber ser” siembra la confusión tanto en el pueblo como en sus dirigentes. Se produce una pérdida de perspectiva en la tarea que realizan, la cual los vuelve vulnerables ante el empuje económico del capitalismo y la guerra de zapa de los enemigos políticos.

Es por eso que urge cambiar la estrategia y la táctica en la construcción del socialismo y en el acto de asumirlo como estilo de vida desde el mismo momento en que comenzamos a construirlo. Si bien es cierto que hay determinadas esferas de la sociedad que deben evolucionar con un tiempo más o menos prolongado, y que forzarlas solo sería perjudicial, hay otras que pueden ser cambiadas sin grandes demoras y con toda radicalidad  necesaria.

El primer ejemplo de ello, y el más importante de todos, es el sistema educativo. Una revolución total en los ámbitos que van desde la escuela primaria hasta el posgrado, y desde los anuncios de bien público en la TV hasta el trato interpersonal, crea las bases del nuevo sistema moral que imperará en dicha sociedad y que repercutirá directamente tanto en el sistema económico como en el político.

La idea de la Civilización Comunista nos lleva a entender la construcción del socialismo no como la posibilidad futura, sino como los cambios que se producen en el presente y la satisfacción de que ya se vive en un mundo nuevo. Esto debe cumplirse no solo cuando un encumbrado dirigente desmonta en sus discursos la compleja realidad, mostrándola más evidente a todos, sino que cada cual sepa ejemplificar la nueva lógica bajo la cual se vive y los beneficios que reporta, sin que ello les tome mucho tiempo de reflexión.

Andrey V. Ruslanov / enero.2015

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