Progreso no, equilibrio

1.

¿Qué es el progreso? ¿De dónde nace y adónde nos lleva? ¿Es sostenible? ¿Es lo que más se ajusta a las características de nuestro mundo?

El progreso nacido con el renacimiento italiano e impulsado definitivamente con la revolución industrial en Gran Bretaña y expandido hoy en gran parte del mundo, se desarrolló a partir de determinados cánones ideológicos y filosóficos que marcan hoy a la civilización occidental y han propiciado los elementos que caracterizan en general  al mundo de hoy.

La Modernidad dio el gran salto que provocó que la humanidad avanzara tecnológicamente en menos de 200 años mucho más que en los miles de años que componen su historia. Pero, ¿exactamente adónde saltamos? ¿Dónde nos encontramos hoy?

Antes de responder estas preguntas debemos analizar varios conceptos: desarrollo y evolución.

Para los defensores del progreso que trajo al mundo la Modernidad y la RCT hoy somos más desarrollados que nunca y nuestra civilización se halla en la cúspide de su evolución.  Todo ello en cuanto nuestra tecnología ha facilitado nuestras vidas, controlamos la naturaleza a nuestra voluntad y vamos en camino de dominar los secretos del Creador.

Para los críticos del sistema nacido a partir de las leyes de este Progreso, nuestro mundo (y nuestra civilización en especial) pierde cada día los valores que tradicionalmente la identifican  y son los que nos hacen como especie. El desarrollo científico-técnico está solo en manos de pocos y mientras un reducido número de personas disfrutan de lo último en producción y tienen a su disposición grandes cantidades de recursos hay millones en otras partes que no tienen ni qué comer.

Muchas veces estas dos posturas se enfrentan de modo irreconciliable, desoyendo sus argumentos e iniciando luchas ciegas los unos contra los otros. Un tercer grupo se dedica a buscar los puntos de contacto entre los dos primeros opuestos y tratan de reconciliar los elementos más útiles y positivos que ellos aportan para construir un mundo en que no neguemos lo hecho hasta ahora y a la vez demos solución a los principales problemas que aquejan nuestra existencia.

Una vez escuché hablar a un académico sobre una experiencia suya con los aborígenes de América Latina y cuando les habló de progreso ellos le dijeron que en su idioma esa palabra no existía, en su lugar utilizaban una, “equilibrio”, con un sentido muy alejado de la primera.

Tratando de apropiarme del más completo sentido de esta anécdota me tropecé con varios elementos que nos permiten dar el salto, y con un movimiento fractálico salirnos de ese triángulo dialéctico y crear un cuarto elemento. Este nos ayudará a llevar las cuestiones planteadas hasta ahora a otro nivel (ni superior ni inferior, sencillamente diferente) y así ver con nuevos ojos los problemas e intentar llegar a un estatus superior en nuestro modo de vida.

2.

Ya somos lo suficientemente adultos como para comprender que el mundo en el que vivimos es finito y muy frágil; que sus características y reglas son complicadas y complejas. Entonces, ¿cómo debe ser nuestro comportamiento dentro de él? Bueno, eso depende de lo que queramos. Tenemos el poder para hacer muchas cosas, yendo de un extremo al otro. Las grandes masas dicen, sueñan y gritan con una vida pacífica, de abundancia, confort y justicia entre los nuestros. Pero los años de nuestra historia han demostrado que no siempre podemos tener aquello que deseamos, aunque sea lo más “justo y noble” que nos pueda parecer. Muchos humanos creen que con una abundancia de bienes materiales sus vidas se considerarían óptimas (no voy a hablar de los que piden cantidades inagotables ni de los que piden menos de lo promedio, ni de los que no piden nada). Ahora, ¿qué está dispuesto a ofrecernos el mundo que nos creó y en el cual vivimos? Algunos de nosotros piensan que el mundo puede darnos mucho y por mucho tiempo, y para ello han construido las herramientas necesarias para hacerlo realidad.  Pero en ese proceso han comenzado los descuidos, fundamentalmente aquellos que han puesto en primer lugar y como motor impulsor, como estímulo y móvil, los patrones de consumo individual y el egoísmo en todas sus variantes, claro, no podemos absolutizar y debemos tener en cuenta a aquellos que desarrollaron sistemas diferentes, pero lamentablemente no son los que predominan ni determinan las reglas del juego.

El macro-sistema que rigen de modo general al mundo de hoy, fundamentalmente aquellos que se guían por el patrón occidental, basan sus vidas en la producción extensiva e intensiva de bienes. ¿Qué parte de ellos se consume? ¿Cuántos se ven sometidos a la especulación o pertenecen al mercado negro? Las estadísticas muestran que los modelos de producción y distribución que predominan en el mundo globalizado de hoy están en disonancia con las verdaderas necesidades de aquellos que lo integran. Claro, aquellos que dirigen y controlan este sistema no se sienten en problemas o afectados por ellos, desean ganancias infinitas y las obtiene, dicen ser felices. Pero el resto (algunos dicen que el 99%) están en una situación totalmente contraria. Basta con consultar los datos de la FAO, la OMS, la UNESCO u otros organismos de la ONU para asustarse de la desproporción de las estadísticas.

De entre los que demandan esta situación hay un grupo que afirma que si distribuyeran equitativamente todas estas riquezas existentes el mundo sería mucho mejor y la humanidad viviría en paz y armonía. Lamentablemente el problema es más que eso. No se trata esencialmente de distribución, sino de producción, y no en el sentido en que otro pequeño grupo dentro de este lo señala (reclaman un cambio de dueño sobre los medios de producción), la cuestión comienza en el qué cantidad se debe producir y cómo se va a producir sin que afecta el equilibrio del mundo en el que vivimos, de esta pequeñísima cápsula de cristal de la cual por el momento no podemos salir.

Entonces nos encontramos con la palabra equilibrio, en este caso con la acepción que nos la delata como “el ritmo en que un sistema viviente se auto-eco-organiza”. Hay quien pudiera advertir que entonces deberíamos debatir entre a quién priorizar, y por tanto qué tener en cuenta primero, si nuestras necesidades o las del mundo en que vivimos. Alguien más podría protestar y decir que se trata de una guerra de intereses y ganará el más fuerte. Ello nos conduciría al debate en el que nos planteamos cuán autónomos somos de el mundo que nos dio la vida y hoy nos brinda hogar. Y nos sorprendemos al terminar de enunciar esta frase porque esencialmente ha sido la dicotomía de la era de la Modernidad, claro, ahora hay una diferencia, contamos con muchas experiencias que podemos aprovechar para este estudio y además, el pensamiento modernista, aunque sigue predominando en el mundo, no se trata ya de un ente hegemónico, ya hace varias décadas que en el mundo intelectual quedó superado. Ello nos da una ventaja. ¡Aprovechemos la riqueza que contienen todas esas mentes!

Para muchos es evidente que somos algo más de todo esto que nos rodea y que si bien hemos crecido en cantidad y tamaño somos totalmente dependientes de los que nos creó y aún da cobijo. Sería un atrevimiento decir que esto será así por siempre. Una lucubración enorme que nos reduciría a un estatus de monotonía y alejado de cualquier tipo de subjetividad humana. Pero en igual grado quedaría todo lo contrario. Creo que lo más conveniente es respetar el presente e ir adecuando nuestro sistema a los cambios que hayamos logrado. Eso no implica dejar de soñar ni de trabajar por revertir cualquier característica  de aquellas que creemos nos condicionan.  Son cosas distintas soñar pisando el suelo por el que andamos que soñar creyendo que somos ángeles del cielo. La historia nos ha demostrado que hasta ahora seguimos siendo una parte constitutiva y tal característica no tiene aún ni un horizonte que vislumbre se pueda cambiar. De todas formas no olvidamos que no somos rocas ni animales, partes constitutivas también, sino que podemos influir en alto grado al resto de los subsistemas que nos acompañan en esta vida.

3.

Si intentamos explorar desde nuestras mentes cómo sería un sistema que satisfaga nuestras necesidades y a su vez no afecte al equilibrio del mundo lo primero que debemos preguntarnos es ¿cuáles son nuestras necesidades y,  qué leyes  y condiciones favorecen el equilibrio del mundo?

Creo que es la pregunta más difícil de todas, fundamentalmente en la primera parte,  en cuanto nunca la especie humana ha logrado un consenso general al respecto, solo al interior de miles de grupos todos diferenciables  entre sí.  Por el momento demos una mirada a la segunda parte.

La ciencia actual nos da varias pistas para conformar un mapa sobre este problema. Este se pudiera dibujar más o menos así:

Leyenda

Recursos naturales no renovables (NOR)

Ecosistemas de formas vivas (EV)

Recursos naturales renovables (RE)

Formas de desarrolla extensiva de la vida humana (FE)

Formas de desarrollo intensiva de la vida humana (FI)

Formas de desarrollo ecológico y sostenible (DES)

Sistemas socio-políticos-culturales humanos (SVH)

 

Visto así parece loable. De hecho varios países han comenzado a trabajar en ello, o al menos se lo han propuesto. No debemos olvidar las convenciones de la ONU y otros organismos internacionales al respecto.  Y si parece tan sencillo, ¿por qué no llegamos hasta allí? Primero, no perdamos de vista que este modelo solo constituye una respuesta a aquel tercer grupo que más arriba anunciáramos como  los conciliadores de las dos posiciones más encontradas al respecto. Pero estudiemos la propuesta y revisemos el esquema anterior.

¿Qué por ciento de cada uno de los seis primeros globos debe aplicarse para la construcción del último (SVH)? En la actualidad predomina NOR en FE y FI. Lo mismo para EV, sector este el más afectado de todos. RE son poco aprovechadas por lo que los DES apenas existen.  

Para el futuro, una propuesta que parta de la concepción del equilibrio debe basarse esencialmente en las DES, las que constituyan su columna vertebral. FE y FI de acaso existir se aplicarían en cuestiones muy específicas y de aplicación limitada. Un reacomodo del gráfico se vería así:

Esto implica la construcción de un nuevo modo de vida para nuestra especie y ahí radica una de sus dificultades. Pero la más grande de todas, al menos que entorpece en este momento cualquier tipo de cambio radica en la forma en que el poder está repartido entre nuestra especie.

4.

De todo esto nace una nueva forma de mirarlo todo. Tal vez algunos piensen que lo correcto sería visitar a aquellos aborígenes y estudiar su modo de vida. Otros reprocharían que si evolucionamos fue por algo y que no podemos desconocer que con respecto a los primitivos vivimos mucho mejor en muchos sentidos. Entonces, ¿cuál es la lógica de la evolución? ¿Cuándo se está mejor y cuándo peor? Para ello debemos volver al término equilibrio, y descubrimos que entre sus otros sentidos él nos enseña que en su interior también está contenida la evolución y el desarrollo, pero que estos, en él, tiene como punto de partida su concepto mismo. Por tanto, mientras no seamos un sistema cerrado e independiente lo mejor para nosotros será lo mejor para el sistema al que pertenecemos. Solo es cuestión de comprenderlo.

Andrey V. Ruslanov / 2.febrero.2013