Democracia Assoluta

El tema de la democracia constituye un punto álgido en el terreno de la teoría y la praxis políticas. Los regímenes “democráticos” de hoy se disputan entre sí la autenticidad y valía de los mismos, aunque en Occidente está bastante consensuado que el modelo de EEUU es el más exitoso.

Autoproclamarse y ser reconocido por muchos como el paradigma por excelencia en cuestiones de ordenamiento político y legal ha llevado al Imperio Norteamericano a innumerables guerras en pos de defender y expandir la “verdadera democracia”, la “única posible”, es decir, la suya. Es recurrente ver la ligereza con que toman supuestos hechos como violación de la democracia, la libertad de expresión, la violación de los derechos humanos y la libre empresa, como una excusa válida para inmiscuirse en los asuntos internos de cualquier Estado, e incluso provocar cambios de régimen en estos y llegar a invadirlos de ser necesario.

Claro, todas estas verdades planteadas por la Casa Blanca y la naturalidad y apatía con que se asumen sus injerencias solo es posible gracias a una estrategia mediática de larga data impulsada tanto por sus poderoso medios de comunicación, la industria del cine y los dólares que imprimen al libre albedrío. Estas trampas ideológicas han funcionado muy bien a lo largo de los últimos cien años, en especial con la expansión de la industria cultural yanqui.

Sin embargo, no hay que ser muy ducho en Teoría Política para darse cuenta que el modelo de democracia norteamericana tiene tantas o más imperfecciones que los restantes existentes en el mundo. En este comentario no pretendo abundar acerca de dichas características ni de cómo tal modelo se ha extendido en el mundo occidental, sino de reflexionar acerca de cuál pudiera ser el modelo más óptimo, según los mismos principios de la llamada “democracia” de inspiración del modelo que los griego nos legaran.

1.

En el siglo XX los dos modelos democráticos que más se enfrentaron fueron la Democracia Burguesa y la Democracia Socialista, cada uno concentrado más en defender la casta política en el poder que en desplegar masivos procesos inclusivos en las masas populares, es decir, la población total.

Por un lado la democracia burguesa defendía las elecciones universales, directas y secretas para las principales magistraturas del poder político, mientras que las democracias socialistas sostenían el centralismo democrático como ejemplo de consenso social y unidad de todo el pueblo en la construcción de un proyecto de país más inclusivo y equitativo para todos. Ambos tipos de democracias cuentan con disímiles particularidades que los distinguen los unos de los otros, por lo que a la hora de estudiar casos específicos no debemos absolutizar.

Algunas de las críticas que se le hace a la democracia burguesa es la de absolutizar el acto democrático al momento de elegir la figura del presidente cada cuatro o cinco años (las estadísticas muestran que los porcentajes de abstencionismo tienden al alza tanto en Europa como en Norteamérica, marcados por la decepción hacia el sistema). Por otra parte el pluripartidismo que sustenta dichos modelos suelen ser la expresión de grupos élites que solo acuden a las masas a la hora de las campañas en vísperas de las elecciones. El resto del tiempo no suelen realizar procesos de participación activa con las bases. Así, no extraño que quienes llegan a las candidaturas a la presidencia sean acaudalados burgueses que han amasado sus fortunas en el juego de la política (politiquería).

A los modelos socialistas de democracia se les critica por lo general la falta de elecciones directas y el monopartidismo. Esto por no hacer mención de los modelos más totalitarios y semi-autocráticos que han existido, una versión más cruda de las refinadas “monarquías constitucionales” de Europa que se han ajustado muy bien a los juegos modernos del poder.

2.

De un lado o de otro hay elementos positivos y negativas. El hecho es que ninguno ha dado al total de la ciudadanía que conforman estos países una práctica democrática, tanto inclusiva como participativa. Al mismo tiempo debemos tener en cuenta que, más allá de razones políticas existen otras de índole práctica, por ejemplo: Sería muy democrático que se consultara y votara con el total de la población la mayoría de los asuntos que conciernen al ámbito de dicha sociedad, pero todos sabemos que hasta hoy eso es casi imposible pues no contamos con el tiempo ni los recursos económicos para estar haciendo ejercicios como ese. Algunas experiencias cercanas a esto también han mostrado un aumento de la apatía ante tanta repetición e insistencia. Ese es uno de los motivos por los que nació la democracia representativa, claro, visto de la forma más ingenua, a nadie se le puede olvidar que es el recurso de las clases explotadoras para legitimar su estancia en el poder y las medidas que llevan a cabo.

Últimamente uno de los términos más socorridos a la hora de hablar del perfeccionamiento de la democracia es el de la participación, no tan solo en la toma de decisiones, sino en la ejecución de los procesos. La “democracia participativa” arremete contra el formalismo electoral y las prácticas de la “representativa”. Llama a una intervención protagónica de los ciudadanos en la ejecución de los proyectos. O sea, rompe un poco con el esquema de la clásica división de poderes en ejecutivo, legislativo y judicial, cerrando el círculo y haciendo de los ciudadanos los protagonistas totales del proceso completo. Es algo de la filosofía de “conmigo, por mí y para mí”.

Para hasta el día de hoy los modelos de democracia participativa no se han podido implementar de forma completa en ningún país, aunque podemos ver determinadas prácticas en Europa Occidental y América Latina donde ya se ejecutan, sobre todo a nivel del poder local. Este tipo de tendencia se ha visto impulsada por el pujante desarrollo científico-técnico y la expansión de internet. Un ejemplo exitoso de esta implementación han sido las campañas del partido español PODEMOS. Aun así, siguen chocando con los mismos dilemas prácticos de los demás modelos democráticos, además de la resistencia intransigente de las élites de poder que se resisten a delegar el poder que por siglos han retenido en sus manos.

3.

¿Cómo construir entonces un modelo democrático que resuelva los dilemas de la repartición y ejecución del poder? ¿Cómo lograr repartir el poder de la forma adecuada y en el momento preciso? ¿Cómo construir este modelo de forma tal que las élites no se opongan a ello y al mismo tiempo nos permita socavar el estatus que hasta hoy retienen?

Cuando los griego hablaban de demo-cracia para ellos el demos nos eran todos los seres humanos que componía la polis (ciudad-Estado), sino de aquellos pocos privilegiados que tenían el título de ciudadanos. Afortunadamente ya hoy todos podemos llegar a ser ciudadanos, sin embargo las riendas del poder continúan en manos de todos.

¿Acaso puede un parlamento de unos pocos cientos de personas representar a un país de millones? ¿Y si me arrepiento del criterio que defendí en la última campaña electoral? ¿Y si ya no confío en la persona en la que delegué mi poder? ¿Cómo sé que el candidato a presidente, senador o lo que sea, salió de un auténtico proceso de elección de masas y no de entre las fauces de un partido político, lobby de presión o movimiento social?

¿Si el pluripartidismo no es la respuesta ni el monopartidismo tampoco, entonces cuál es? ¿Si la representación y delegación de poder no es precisa ni justa, pero la democracia directa en todo no es viable, entonces cuál es el modelo posible?

4.

Para responder a estas preguntas a mí se me ocurre responder con algo llamado “Democracia Assoluta” (sí, del italiano assoluto). Este modelo consiste a groso modo de lo siguiente:

_ Prohibición de cualquier grupo político o social en los procesos eleccionarios. Es decir, nadie podrá presentarse como candidato de un grupo determinado, y mucho menos impulsar campañas con dineros recaudados para tal fin. Los fondos destinados a los procesos electivos saldrás de las arcas del Estado de forma transparente y equitativa para todos.

_ La nominación de candidatos a de comenzar desde los barrios, donde los candidatos se elegirán de forma escalonada. Cada zona elige un candidato, luego ese candidato se presenta a nivel local y compite con el resto de los candidatos, desde donde sale el candidato local y así sucesivamente hasta llegar al nivel nacional. En cada proceso electivo las votaciones serán directas y secretas.

_ Los candidatos se enfrentarán a diferentes pruebas que midan y muestren sus competencias y pertinencias para los cargos a los que se postulan. Todo el proceso de divulgación de biografías, debates públicos, etc. Se financiarán con presupuesto estatal previsto para ellos y no se permitirá cualquier tipo de sensacionalismo.

_ Todo cargo es revocable en cualquier momento.

_ Las organizaciones políticas y de masas existentes no podrán incidir sobre el resto de la opinión pública en el período de campaña. Toda labor política e ideológica se realiza en otro momento.

_ La división de poderes solo existe a lo interno de la Asamblea Nacional de Todo el Pueblo.

_ División de competencias en los diferentes ámbitos, nacional, regional y local, con su respetiva delegación de poderes. (Tal división nace a partir de lo aprobado en la Carta Magna)

_ Constante rendición de cuenta de la gestión realizada ante los electores, según el nivel que corresponda. Ejemplo: alcalde ante su pueblo, gobernador ante su región, etc. Lo mismo ocurre a la inversa, es decir, el elegido debe recoger las propuestas de sus electores, además de aconsejar y presentar las suyas propias.

_ La Asamblea Nacional mencionada anteriormente debe contar con el mayor número posible de delegados, lo mismo ocurrirá con las regionales y locales. Dichos órganos de poder sesionarán con la mayor frecuencia posible anualmente, y de ser posible de forma permanente.

_ El órgano operativo (semi-ejecutivo) designado por dicha Asamblea y presidido por la cabeza del Estado debe tener bien delimitadas sus competencias en los períodos de intercesiones de la asamblea.

_ Todo este proceso se optimizará en la medida en que se implementen adecuadamente las nuevas tecnologías de las infocomunicaciones.

Naturalmente, esta propuesta solo se ha concentrado en el ámbito eleccionario y a penas a tocado la estructura de poder, en la cual reside gran parte de la carga que distingue un modelo democrático, pero ese tipo de análisis lo dejaré para otro trabajo.

Andrey V. Ruslanov / 19.marzo.205