¿Globalización o Globalcolonización?

Respecto a lo que se entiende por “globalización” (o “mundialización”, como prefieren otros) el debate ha ido tanto por el término en sí mismo, como por el impacto inmediato sobre las civilizaciones humanas. En lo tocante a esto último tenemos a defensores y detractores, así como a “simples espectadores” del fenómeno. Pero básicamente todos coinciden en que dicha “globalización” no es más que la extensión de determinados patrones al resto del mundo, por lo que se produce una homogeneización intercivilizatoria respecto a ese patrón en particular. Ahora, el “¿cómo se produce?” y lo “positivo y negativo” de sus resultados es lo más debatible.

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Quiero detenerme en lo que me parece lo más trascendental de este asunto. Ello tiene que ver con: ¿Cuánta intencionalidad consciente hay en dicho proceso? ¿La globalización es un producto inevitable de la lógica dialéctica del devenir histórico?

Respondiendo rápida y sintéticamente puedo decir que la replicación de patrones y tendencias culturales es un proceso intrínseco al desarrollo de los grupos y formaciones humanas. La eventual homogeneización y/o imposición de uno de ellos se fomenta, en primera instancia, por las coyunturas en que se dan las relaciones entre dichos grupos. Ahora, resulta indiscutible la incidencia que han tenido en esto las naciones colonizadoras e imperialistas a lo largo de toda la historia.  Y hoy, el Imperio del Capital, ese Imperio Mundial con sede en EEUU, utiliza de forma activa y protagónica elementos que le ayudan a catalizar dicha globalización en favor de su lógica de dominación sobre el resto de las civilizaciones del planeta.

De este modo, no resulta difícil concluir que dicha “globalización” de hoy no es más que la versión más actualizada del proceso colonizador del Imperio absoluto que se extiende por nuestro planeta. Así, esta globalcolonización toma como núcleo las estrategias imperiales para extender sus patrones culturales, ideológicos, psíquicos, etc., a fin de homogeneizar a la humanidad como un dócil mercado sobre el cual El Capital pueda autorreproducirse.

Para nadie es un secreto que la industria cultural norteamericana tiene un protagonismo indiscutible en los espacios de recepción de cualquier nación. A partir de ella se exporta el “american dream”, los patrones de conducta (consumismo, esencialmente), proyectos y estilo de vida, así como la validación de la supremacía de un proyecto civilizatorio sobre el resto.

En todo lo mencionado hasta aquí se encuentra el sustrato, la materia prima con la que introducen en los inconscientes de los individuos una misma forma de pensar, construida con modelos mentales que tienen en su forma-contenido la propiedad fundamental de servir a la superestructura de dominación.

No necesitamos hablar del poderío económico-militar de esta nación para buscar las pruebas fehacientes de esta globalcolonización. Otros imperios anteriores han sido en su época aún más poderosos. Lo que verdaderamente distingue a este imperio de El Capital, es la utilización integrada de las herramientas culturales (y psíquicas) con el resto de sus armas de dominación (armas y economía). La armonía con que vincula cada una de ellas y el estudio minucioso de sus propiedades lo ha dotado del poder que hoy posee sobre todos nosotros.

El debate sobre la “globalización” realmente no está versando sobre lo esencialmente importante (la parte manipulada de este proceso), sino que se diluye en eternos debates que se pierden en las ramas del tema. La alerta está dada en que debemos tomar conciencia del peligro en que nos encontramos de perder nuestra independencia y autodeterminación cultural, siendo sustituidas por falsas estructuras civilizatorias, que detrás solo llevan dominación, las cuales someten a cada individuo como a naciones enteras.

La globalcolonización no es más que la estrategia de dominación actual del Imperio por someternos haciéndonos creer que reparte, democratiza y hace extensible a todos los mejores productos y conquistas de los grandes centros de poder y desarrollo planetario, cuando en verdad nos despojan de nuestras realidades culturales y el poder que nuestros antepasados nos legaran para fecundar a este mundo con diversidad y riqueza cultural.

Andrey V. Ruslanov / 2.junio.2015

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