Voces 1: El primer hombre atelón

¡Cuenten voces del pueblo, cuenten voces de la calle, murmullos del bosque< cuenten qué ha sido del reinado del primer hombre Atelón!

“Luego de la tormenta del cielo comenzó la tormenta de los hombres sobre la Tierra. De saber nuestros antepasados el presente que nos acontece hubieran deseado no descubrir nunca que hay otras tierras más allá de los Mares. La ambición despertó la sed dormida de los hombres, la sed del poder.

La muerte del último atlante Atelón aniquiló las esperanzas de un futuro que recordara la gloria del pasado. Y he aquí cómo los hombres supieron aprovechar la anarquía en beneficio propio. Se arrastraron como serpientes y en la oscuridad conspiraron. Bastaron apenas quince años para que tomaran el Anillo Central y solo una noche para derrocar al Concilio de Sabios, que desde la muerte del último emperador, gobernaba a la Ciudad y lo que quedaba del Imperio.

Por vez primera en la historia de este mundo es un hombre quien se sienta en el trono del Palacio Atlante y lleva sobre su cabeza la corona de los siete diamantes. Solo sus semejantes lo reconocen  como Atelón, emperador de la Ateleya, al resto no les queda más opción que tolerarle y rezar por sus cabezas.

Y no ha faltado mucho para que este insolente manchara de sangre el piso del Palacio, que ha tantos siglos construyera el Príncipe Blanco; todo aquel que no cumple sus órdenes es pasado por el filo de la espada sin vacilación.

Ya mandó a llamar a los reyes y Príncipes de toda la Ateleya. Solo os blancos se negaron a asistir. En tal cónclave habló de sus proyectos y nuevas disposiciones. Habló de ampliar el ejército imperial y de pedir tributos a las regiones independientes al noreste del Monte de los Dioses, y de someter mediante la fuerza a aquellos que se opusieran. Muchos no estaban de acuerdo, pero temieron y callaron.

Pero el mayor pecado nació cuando descubrió los libros que guardaban la sabiduría acumulada de tantos siglos. Obligó a los sacerdotes y a los estudiosos a que la leyeran sin parar las Crónicas de cada uno de los tiempos, desde la fundación de la Ciudad vieja hasta el presente, con su propia coronación y la fundación del Tercer Imperio. Ordenó que le rebelaran los secretos de los diamantes, las máquinas voladoras y demás creaciones de los atelones del pasado. Y entonces imaginó utilizar todo aquello en sus planes de conquista.

Pero en secreto, muchos renegados conspiraban>

La raza de los azules, una de las más antiguas y respectadas de las tierras, no se podía permitir el gobierno de criaturas tan impuras, y siempre reclamaban su nobleza de antaño. En número en la Ciudad ya se cuentan no muchos, pero estos seres, altos y fuertes, diestros y valientes, versados en el uso de las lanzas, estaban decididos a asestar un golpe en la primera oportunidad.

Y así ocurrió al día siguiente de la partida de los ejércitos a las comarcas del Este.

El Atelón, por su parte, hizo lo que nunca se había atrevido hacer los que antecedieran en el trono: ordenar el exterminio de una raza tan antigua; y recibió el apoyo de todo aquel que les tenía odio. Desde entonces no hay azules en la Ciudad de las Puertas Doradas.

Ya se cuentan siete ciclos desde la fundación del tercer Imperio e igual tiempo de oscuridad y miseria para los habitantes de la capital de la Ateleya. Los de puro corazón con dolor en el alma se despidieron de ella para buscar refugio lo más lejos posible. La noche es perpetua en la Ciudad, y el blancor de antaño ya no existe. Es mito la belleza que la hacía grande, e historia la bondad y sabiduría de los que la moraban. Hoy caminan por sus calles criaturas de la noche que nunca antes habían tenido el valor de hacerlo. ¡Pobres de nosotros! Porque ya la maldad también camina más allá de sus muros.”