Partido SYRIZA gana elecciones en Grecia

La izquierda ganó en Grecia y SYRIZA ya se apresta a poner en práctica las prometidas reformas. Luego de varios años  de neoliberales medidas de austeridad el país helénico quedó sumido en un aumento desproporcional de la pobreza y la supresión de los bienes y servicios de asistencia social. La Unión Europea prometió ayudar, pero a cambio pidió un apretón del cinturón de los ya enflaquecidos griegos. Aún así la economía no se recuperó y la esperanza de una luz al final del camino la trajo Alexis Tsipras y su propuesta anti-austeridad.

El programa electoral de SYRIZA consiste en realizar una auditoría sobre la deuda pública; renegociar su devolución y suspender los pagos hasta que se haya recuperado la economía y vuelva el crecimiento y el empleo; subir el impuesto de la renta al 75% para todos los ingresos por encima del medio millón de euros anuales; subir el salario mínimo hasta su nivel previo a las recortes (751 euros brutos mensuales); utilizar los edificios del Gobierno, la banca y la iglesia para alojar a las personas sin hogar; ofrecer sanidad pública gratuita para las personas desempleadas, sin hogar o sin ingresos suficientes; reformar la constitución para garantizar la separación iglesia-Estado y la protección del derecho a la educación, la salud y la protección del medio ambiente; entre otras.

Realmente en este no podemos ver nada de radical o revolucionario. Son solo reformas que pretenden sacar al país del camino  a la miseria en que se encuentra. Este reformismo nos recuerda a la socialdemocracia del Estado de Bienestar y nunca a los cambios implementados por los gobiernos progresistas d América Latina. Pero al menos podemos verlo como un paso positivo contra el criminal neoliberalismo.

Pese a esto los sectores más reaccionarios de la Europa unitaria, encabezados por Alemania, lanzaron toda una campaña de intimidación contra el “peligro de Tsipras” y las consecuencias de la eventual salida de Grecia de la Zona Euro. Evidentemente están temerosos de que una alternativa a sus recetas pueda triunfar y que el ejemplo se expanda por el maltrecho viejo continente. Justamente ese es el lema con que esta “izquierda radical” encabezó su campaña electoral: “Cambia Grecia: cambia Europa”.

Sí, porque no es casual el alineamiento de este partido y su homólogo español Podemos, liderado por Pablo Iglesias, del que muchos esperan que en este mismo año también llegue al poder este heredero de los indignados españoles, que posee a su vez un plan anti-austeridad y reformas de beneficio popular para los más desfavorecidos.

Muchos se cuestionan si realmente Tsipras podrá cumplir todo lo que ha prometido, su rostro luce demasiado sonriente y despreocupado como para reflejar la ardua tarea que tiene por delante. Unos lo acusan de populista e idealista; otros, de ser alguien que simplemente desea llegar al poder. Sus propuestas pueden sonar poco objetivas a los ojos de aquellos que solo conocen la privatización y los recortes de los programas sociales como únicas formas de volver más “eficiente” a una economía. Esa es la lógica del capital, los que tiene el hombre como medio y no como fin.

Hoy las calles de Grecia están colmadas de desamparados sin empleo, casa o comida. Lo que fuera la cuna de la civilización Occidental y la democracia  es vista en la actualidad como una de las naciones periféricas al concierto de naciones altamente industrializadas de Europa. Sus estándares económicos y sociales semejan a los de los países del Tercer Mundo.

Los revolucionarios del mundo añoramos un cambio radical en el orden de cosas que hoy caracteriza a Grecia. Solo un cambio de sistema es capaz  de transformar la realidad que ha hecho variar el curso hoy en favor de la izquierda. Aún con la aplicación  exitosa de todas las medidas propuestas por SYRIZA no demorarán en comprender que solo los cambios de base, es decir, un abandono paulatino del capitalismo y la bienvenida al socialismo, garantizarán un futuro de paz y prosperidad para los griegos.

Por el momento solo nos queda observar lo que efectivamente haga el nuevo gobierno y las zancadillas que les pondrán sus vecinos europeos.

Andrey V. Ruslanov