Los sueños infantiles de la agonía

He aquí un texto de mi adolescencia, escrito entre 2007 y 2008, que hoy he renombrado como “Los sueños infantiles de la agonía”. Una muestra de lo la tiranía que nos hemos impuesto es capaz de hacer en la conciencia de un niño que aspira, como mínimo, a la paz y la felicidad.

A veces pienso que todo es un sueño, que pronto despertaré y estaré de vuelta en mi mundo. Sufro la nostalgia del divorcio entre lo que pienso y lo que veo. ¿Cuándo llegará el día en que el hombre dedique todas sus fuerzas a buscar lo bello del mundo? ¿Cuándo llegará el momento en que muera la política y toda su suciedad, las guerras, la mentira y el odio? ¿Cuándo dejarán de existir los países? ¿Cuándo desaparecerá el hambre y la infelicidad? Será entonces el momento en que el hombre retomará su camino.

Me siento impotente cuando día a día encuentro hombres déspotas, que abusando de su poder, tiranizan al resto de los hombres< ver cómo lo tergiversan todo creando el caos y no poder hacer nada.

Mi alma perdida sobrevive gracias a recuerdos que otrora grandes mundos existieron. Con las manos atadas me revuelco en el fango de la cotidianidad, asqueado por los tormentos de aquellos que no para de hablar barrabasadas y piensan tener la verdad.

Un día soñé que los grandes imperios se construían sobre los viejos, pero esta vez de forma diferente> los hombres estaban orgullosos de su cultura, la amaban y defendían, pero con un bien defendido cosmopolitismo asumían los avances del resto, aunque versificándolo según sus costumbres. Eran gobernados por sus propias leyes comunes. Imponía la libertad, nadie pensaba ya en las tonterías de hoy. Todos se dedicaban, prioritariamente a lo más necesario, y el resto del día en lo que preferían< la convicción de la necesidad a priori de ser felices las daba la voluntad suficiente para obrar sin queja alguna, y lo hacían con una satisfacción tal que sobrecumplían sus metas, así podían intercambiar sobrantes por sobrantes extranjeros no conocidos en el país. Cada quien motivado por alcanzar sus propios sueños. Muchos lograban convertirlos en realidad y en el camino obtenían mucha sabiduría, la suficiente para estar orgullosos de sí mismos y la especie en general.