La vejez

Letras. Muchas letras sobre las páginas de aquel libreto entre sus manos.  En aquel contenido estaba toda su atención. No sé cómo podía, con aquellas arrugas y aquellas canas en aquel lugar tan poco agradable. Su obra era harta conocida y todos en el ómnibus pudieron  identificar el venerado rostro. Aun así ella leía.

Leía o tal vez lo pretendía, pero todos debían creerlo. Hace mucho un miedo la acosaba y ello la llevó a consumir todas sus fuerzas. Se había convertido en una obsesión que todos la vieran trabajando, que sintieran su utilidad. De lo contrario sería desechada por la sociedad: así pensaba ahora.

Yo la observaba desde un incómodo rincón, Simulaba abstraída, pero pude sentir su contacto con las miradas que sobre ella se posaban, y cómo la afectaba. Detrás de mí dos voces susurraron.

_ He aquí a una heroína. Ojalá todos fueran así.

_ Debería estar descansando en casa y darle paso a la juventud. Poco después la señora se bajó del bus.

“¿Y si pudiera ser joven otra vez?, se preguntaba, Así podría escribir muchos ma´s, trabajar mucho más en mi querido teatro”, así soñaba. Pero el peso de sus propios pasos la devolvían a la realidad.

Al llegar a casa se colocó ante el espejo, desnuda y avergonzada. mas, antes de que cayera la primera lágrima una viejecita le saludó desde el otro lado del cristal.

_ ¿Quién eres?- le preguntó.

_ Soy La vejez- dijo- Y vengo a hacer un trato contigo.

_ Usted dirá.

_ Me he propuesto devolverles a la juventud a todos los ancianos del mundo.

_ ¿Es eso posible?

_ Todo en el mundo es posible.

Nuestra heroína sonrió por un instante pero rápidamente frunció el cejo:

_ ¿A cambio de qué?

_ De sus recuerdos. Si son jóvenes no habrán podido tener hijos y nietos, aún estarán en la primera fase del amor. Es una propuesta tentadora, ¿verdad?

Ella miró a su alrededor  y descubrió en la pared del cuarto infinitos cuadros que le sonreían.

_ ¿Y de qué te servirían nuestros recuerdos? –preguntó al llegar a la retórica.

La vejez vaciló en responder…

Entonces la abuelita vistió sus ropas habituales. Limpió los cuadros y besó a los nietos que llegaban.

Andrey V. Ruslanov (Redactado el 30.enero.2012)