La desaparición del socialismo en la URSS

La desaparición del socialismo en la URSS y su desintegración como Estado.

1.

En la actualidad se habla sin ningún tipo de pudor (tanto de boca de especialistas como de los no profesionales) de “la caída del socialismo” y la desintegración de la Unión Soviética, buscan y rebuscan, repasando cada uno de los sucesos desde los tiempos de Lenin hasta Gorbachov preguntándose dónde radica el error que llevó a tan lamentables consecuencias, pero muy pocos se cuestionan algo: ¿realmente hubo socialismo en la URSS? Para mí la respuesta está muy clara: con la muerte de Lenin toda esperanza de socialismo quedó extinta en los gobiernos que le sucedieron. Todos fueron una sarta de burócratas y promonárquicos vestidos de rojo que engañaron del modo más burdo al heroico pueblo de la comunidad que emergió con la caída del imperio de los Romanov. Por tanto mis análisis sobre tales hechos históricos estarán totalmente apartados de un réquiem por un supuesto socialismo. No podemos dejar de apreciar las ventajas sociales y el desarrollo industrial alcanzados por el país, pero no me cabe la menor duda de que si en la URSS hubiese existido un socialismo auténtico (y utilizo este término como contra propuesta del “socialismo real”) mayores hubieran sido los éxitos alcanzados y la tragedia de los 90 nunca habría acontecido.

De tal modo apunto como primera causa de esta convulsión sociopolítica: el divorcio del pensamiento y la superestructura del imaginario soviético acerca de su proyecto civilizatorio con la realidad con la que tropezaban a diario. Esto, como es natural llevó a la máxima expresión de las contradicciones que se venían dando en el país hasta que sucedió (como pudo haber sucedido tarde o temprano, pero de forma inevitable) que las distintas clases sociales que conformaban el país quitaran de sus cuerpos los velos que durante 74 años los disfrazaron y expresaran a viva voz sus intereses más egoístas.

Las reforma impulsadas por Mijaíl Gorbachov a partir de 1985 supusieron un descongelamiento de la vida soviética en todos los ámbitos posibles. Claro, los resultados no fueron los que se “deseaban”. Creo que nunca podremos descubrir si todo fue parte de un gran plan premeditado o simplemente la manzana cayó por su propio peso.

De lo que no podemos dudar es que ya para el año 1989 ni económica ni políticamente en la URSS se mencionaran medidas “socialistas” para encarar los problemas, las palabras libre mercado, propiedad privada y capitalismo eran muy comunes tanto en la calle como en la gaceta oficial del Comité Central del PCUS. Aquellos que venían añorando tales resultados solo tuvieron que sentarse a esperar. Para el año 1990 la situación se había vuelto irreversible. Pero “a partir de los acontecimientos que tuvieron lugar en la zona del Báltico en enero de 1991 comenzó la marcha reversible de la historia de la Unión Soviética. Esos acontecimientos dramáticos demostraron que las “fuerzas supuestamente destructivas” en las repúblicas orientadas hacia la confrontación disponían de la voluntad política y perseguían objetivos concretos a diferencia de los partidarios de “la ley y el orden” en el poder central” (Lukianov, 2011).

Cuando el gobierno lanzó a la calle los tanques y tropas anti motines para contener a los civiles que deseaban la independencia del poder soviético todos sintieron vergüenza y vieron como aquel “maravilloso estado socialista y amigo del pueblo” se quitaba el antifaz y se dejaba ver como lo que realmente era: un monstruo burgués como los de peor calaña.

El 22 de enero de 1991, se puso en marcha la última reforma monetaria de la Unión Soviética, ideada por el último primer ministro soviético, Valentín Pávlov. Para mediados de 1990, el Gobierno soviético había decidido introducir elementos de la economía de mercado. Entre los programas de reformas propuestas, el presidente Mijaíl Gorbachov se declinó por el del Ejecutivo, que apostó por un proceso de transición más prolongado, un sector público predominante y un control más duro de la economía por parte del Estado. El resultado principal de la reforma fue, junto al acusado empobrecimiento de la población y al empeoramiento de la crisis económica, la gran pérdida de apoyo al Gobierno soviético. En opinión de numerosos politólogos e historiadores, las reformas políticas y económicas llevadas a cabo en 1991 en la URSS, adelantaron en gran medida la caída del antaño poderoso país soviético.

Según Eduard Shevardnadze, exministro de relaciones exteriores de la URSS, los principales líderes de la entonces URSS hicieron todo para desmoronarla en vez de conservar el estado. La razón principal fue la confrontación de Mijaíl Gorbachov y Borís Yeltsin. (…) Pensaba que la URSS se mantendría todavía 11 ó 12 años. Pero, en general, todas las circunstancias subjetivas y objetivas apuntaban a la imposibilidad de conservar la URSS.

Este criterio se refiere a la Ley sobre el presidente de la Federación de Rusia (RSFRS), que entró en vigor el 24 de abril de 1991. La votación debió realizarse mediante el voto universal, secreto y directo, pero ya era evidente que adoptar aquella ley fue lo mismo que sembrar la semilla de la futura dualidad de poderes en un suelo político fértil destinado a cosechar agudos conflictos inevitables. Aunque la ley no hubiera sido redactada especialmente para Borís Yeltsin quien para ese entonces ya se encontraba en confrontación abierta con el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, cualquier otro candidato habría protagonizado una confrontación con su homólogo federal, independientemente de su postura a favor o en contra de Gorbachov. Porque en todo caso, se trataba de compartir atribuciones, ministerios, y recursos.

El 7 de febrero de 1990 el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética consintió en dejar su monopolio del poder. Durante las próximas semanas, las 15 repúblicas constituyentes de la URSS sostuvieron sus primeras elecciones competitivas. Los reformadores y los nacionalistas étnicos ganaron muchos de los asientos.

El 17 de marzo de 1991, los ciudadanos de la URSS votaron en el referendo por mayoría aplastante (76,6%) a favor de “la conservación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como una federación renovada de repúblicas soberanas” (este plebiscito no se celebró en los Países Bálticos, Georgia, Armenia, y Moldavia). El único referendo en la historia soviética fue un intento desesperado del centro federal para detener la desintegración del estado apelando directamente a la voluntad del pueblo.

La votación sobre la conservación de la URSS fue un elemento de una lucha reñida que emprendieron las autoridades federales contra las élites de las repúblicas, ante todo contra la autoridad de Rusia liderada por Boris Yeltsin quien hábilmente arrebató el éxito del Kremlin al proponer aquel mismo día a la población de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) la creación del cargo de su propio presidente (más del 71% votaron “a favor”).

2. El golpe de Estado

En la madrugada del 19 de agosto de 1991, funcionarios de alto rango del gobierno de la URSS opositores a la política de reformas aplicadas por el entonces presidente de la URSS M. Gorbachov, instituyeron el llamado “Comité Estatal para la Situación de Emergencia en la URSS”.

El 20 de agosto de 1991 había sido fijado para la firma del nuevo Tratado de la Unión, destinado a sustituir al Tratado de Creación de la URSS de 1922 y reemplazar asimismo a la Unión Soviética por una nueva entidad que se llamaría Unión de Estados Soberanos.

Un día antes la prensa oficial publicó la “Declaración del Gobierno Soviético” que entre otras cosas destacó: “debido a la imposibilidad por enfermedad de M. Gorbachov, de cumplir las funciones de Presidente de la URSS” y de acuerdo con el artículo 127.7 de la Constitución de la URSS, de estas competencias pasan al vicepresidente, Guennadi Yanáev; se declaraba la situación de emergencia en algunas regiones durante 6 meses a partir de las 4 de la madrugada del 19 de agosto de 1991; para gobernar el país se instituyó el Comité Estatal para la Situación de Emergencia en la URSS (GKChP, por sus siglas en ruso).

A las 11:45 varias decenas de tanques se detuvieron justo frente del Soviet Supremo de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR).

El país respondió con manifestaciones masivas de protesta en Moscú, Leningrado y otras ciudades.

El presidente de la RSFSR, Borís Yeltsin, encabezó el movimiento de resistencia a los golpistas y asumió la dirección del país. La misma mañana del 19 de agosto Yeltsin firmó los decretos No. 59 y 61 que calificaban las acciones del GKChP como un intento de golpe de Estado. Asimismo disponía que los órganos del poder ejecutivo de la URSS, incluidas las fuerzas del orden pasaran a subordinarse al presidente de la RSFSR.

A partir de ese momento el Soviet Supremo se convirtió en centro de la resistencia a la junta.

Subido en un tanque pronunció un discurso dirigido a los ciudadanos de Rusia, en el que los exhortaba a “dar una respuesta digna a este golpe de estado”.

El 20 de agosto se declaró el toque de queda en Moscú, no obstante alrededor del Soviet Supremo se reunieron miles de voluntarios para defender el edificio ante un eventual asalto por unidades militares.

En el curso de tres días se hizo evidente que la sociedad no apoyaba al GKChP. En la mañana del 21 de agosto comenzó la retirada de las fuerzas armadas de Moscú, a partir de las 11:00 tuvo lugar una sesión extraordinaria de Soviet Supremo de la RSFSR. Los parlamentarios encomendaron al primer ministro Iván Siláev y al vicepresidente Alexander Rutskoi viajar a Crimea para liberar al presidente de la URSS, M. Gorbachov, de su cautiverio. El 22 de agosto Gorbachov y su familia volvieron a Moscú. Sin embargo, los poderes de Gorbachev estuvieron fatalmente comprometidos ahora cuando la unión ni las estructuras de poder rusas prestaron atención a sus órdenes, consecuencias del fallido golpe.

Los seis miembros del GKChP fueron arrestados y recluidos en prisión tras ser culpados de alta traición. (El 23 de febrero de 1994, la Duma de Estado declaró una amnistía para ellos y fueron liberados).

Este “intento” de golpe de Estado no fue más que una respuesta desesperada por parte de aquellas fuerzas que no creían en las reformas que se llevaban a cabo en el país, y veían a todas luces que el fin del “socialismo” se acercaba aceleradamente. La desorganización y la falta de valor para llevar a cabo las acciones hicieron que este “golpe” fracasara y empeorara aún más la situación política del país.

A 20 años de aquellos sucesos Gorbachov declaró que esa situación fue originada por los problemas en el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) que empezó a actuar como un freno en el desarrollo del país y necesitaba ser reformado. En opinión de Gorbachov, en ese tiempo hizo falta democratizar a la URSS en vez de destruirla. En declaraciones más recientes también reveló que él sabía del golpe, pero no hizo nada “para evitar que se desatara una guerra civil”.

En el otoño de 1991, el gobierno ruso asumió el gobierno de la Unión, ministerio por ministerio. En noviembre de 1991, Yeltsin publicó un decreto que prohíbe al PCUS en todas partes de la república rusa. Como consiguiente, muchos antiguos apparatchiks abandonaron el Partido Comunista a favor de posiciones en nuevas estructuras del gobierno.

Después del golpe, las repúblicas soviéticas aceleraron su proceso hacia la independencia, declarando su soberanía uno tras otro. Sus autoridades locales comenzaron a agarrar la propiedad localizada en su territorio. El 6 de septiembre de 1991, el gobierno soviético reconoció la independencia de los tres países del Báltico, que las potencias occidentales siempre sostenían ser soberanos. Aún, en la batalla de poder, el 18 de octubre, Gorbachov y los representantes de 8 repúblicas (excluyendo Azerbaiyán, Georgia, Moldavia, Ucrania y los Países del Báltico) firmaron un acuerdo en la formación de una nueva comunidad económica.

3. La CEI

El acuerdo sobre la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) significó el fin de la Guerra Fría y no la destrucción de la URSS. La CEI fue establecida cuando la URSS ya estaba definitivamente desmoronada por el intento del golpe de estado en agosto de 1991.Y Gorbachov, sin los consejos de los políticos occidentales, no sabía qué hacer. No escuchaba a personas sensatas, en cambio se rodeó de muchas insensatas. Y se vio absolutamente impotente. Creo que en aquel momento, en agosto de 1991, Gorbachov se retiró a su residencia en Crimea para no tener nada que ver con lo que estaba pasando. (de la entrevista a Stanislav Sushkévich, político bielorruso, realizada por RIAN).

El 1 de diciembre más del 90% de ucranianos apoyaron la idea de la independencia, aunque en marzo más del 70% de ellos se manifestó a favor de un estado unido. Al separarse la segunda república más importante, todo se acabó. Una semana más tarde el mundo oyó sobre el Tratado de Belovezh firmado por los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, que declaró la disolución oficial de la URSS estableciendo en su lugar la Comunidad de Estados Independientes.

Y continúa la entrevista a Sushkévich: La CEI fue lo máximo que se pudo conseguir para la situación que había a finales del año 1991. Pretendíamos conservar, dentro de lo posible, los vínculos más estrechos entre las antiguas repúblicas de la antigua Unión Soviética. Creo que si la firma del Tratado se hubiese celebrado en marzo de 1991, en vez de diciembre, habría sido posible crear una confederación. Pero Gorbachov era entonces un acérrimo enemigo de la idea de la confederación. Y el 20 de octubre, cuando cambió de opinión y apoyó esta opción, ya era tarde. Conseguimos conservar la CEI. Opino que se conservaron los lazos más estrechos posibles. ¿Qué solucionó la Comunidad? Solucionó, por ejemplo, las cuestiones de “divorcio” de manera civilizada… La Unión Soviética estaba amenazada de una desintegración incontrolable, una guerra civil. Los pobres se podían haber levantado contra los ricos culpándoles de todos sus males. En la actualidad la CEI es un club de reunión para los Jefes de Estados y altos cargos. Sirve de amortiguador que suaviza las relaciones.

El 12 de diciembre de 1991, la legislatura de la República Soviética Rusa formalmente aceptó la secesión de Rusia de la Unión Soviética, ratificando los Acuerdos de Belovezh y denunciando el Tratado de la creación de la Unión Soviética de 1922 . El 17 de diciembre de 1991, doce de las quince repúblicas soviéticas firmaron la Carta de Energía Europea en La Haya como si fuesen Estados soberanos, junto con otros 28 países europeos, la Comunidad Europea y cuatro países no europeos.

Las dudas permanecieron sobre las autoridades de los Acuerdos de Belovezh para efectuar la disolución de la Unión Soviética, ya que ellos fueron firmados por sólo cinco de las repúblicas soviéticas. Sin embargo, el 21 de diciembre de 1991, los representantes de todas las República soviéticas, excepto Georgia, firmaron el Protocolo de Alma Ata, confirmando la disolución de la Unión y también haciendo varias provisiones consiguientes a la extinción de la URSS.

Los documentos firmados en Alma Ata el 21 de diciembre también autorizaron a Rusia para lograr el ingreso de Naciones Unidas de la URSS, lo cual significó que Rusia tomaría el asiento de la URSS en el Consejo de Seguridad. El 24 de diciembre de 1991, el Embajador soviético a las Naciones Unidas entregó al Secretario General una carta por el presidente de Rusia, Boris Yeltsin, informándole que, en virtud de aquel acuerdo, Rusia era el sucesor de la URSS en la ONU. Este documento fue puesto en circulación entre los otros Estados miembros de las Naciones Unidas, y, sin haber objeción alguna, fue declarado aceptado el 31 de diciembre.

El 21 de diciembre de 1991 la URSS deja de existir oficialmente como sujeto del Derecho Internacional. Dos días más tarde, el 23 de diciembre en Alma Ata es firmado por los Jefes de Estado de once Repúblicas ex soviéticas el documento fundacional de esta nueva entidad, a la cual se incorpora más tarde Georgia, en tanto Ucrania funge desde los inicios como un miembro “asociado”. El 30 de diciembre de 1991 se establecen los organismos coordinadores de la CEI en Minsk. En la misma fecha se firman acuerdos temporales que establecen la creación del Consejo de Jefes de Estado y del Consejo de Jefes de Gobierno.

En aquellos momentos, la emergencia de la CEI parecía ser más una especie de “divorcio civilizado”, orientado a evitar la catástrofe que supondría la abrupta disolución de los vínculos y entrelazamientos que se fomentaron en tiempos de la URSS y alejar así el fantasma de la concreción en toda la región de una “variante yugoslava” de evolución de los acontecimientos- y no un verdadero y coherente esfuerzo integracionista de parte de sus signatarios.

Desde entonces, la CEI se ha venido debatiendo entre las tendencias integradoras v las desintegradoras, pudiéndose señalar hasta el presente, a grandes rasgos, las siguientes etapas de evolución de este organismo.

El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov, cediendo ante lo inevitable, dimitió como presidente de la URSS, declarando la presidencia extinguida y traspasando todos los poderes todavía concedidos en ello al presidente de Rusia: Yeltsin. Durante la noche de aquel mismo día, la bandera soviética fue bajada por última vez sobre el Kremlin. Finalmente, un día más tarde, el 26 de diciembre de 1991, el Soviet Supremo reconoció la extinción de la Unión y se disolvió. Hacia el 31 de diciembre de 1991, todas las instituciones soviéticas oficiales habían cesado sus operaciones cuando las repúblicas individuales asumieron el papel del gobierno central.

Apenas un puñado de persona contemplaba en la noche helada del 25 de diciembre de 1991 cómo se cortaba el último hilo de vida de la Unión Soviética. La nieve absorbía todos los sonidos, salvo el crujir de las botas sobre el hielo de quienes apuraban el paso para ver, en la Plaza Roja, cómo se desvanecía un pedazo de historia del siglo XX. Mijaíl Gorbachov había entregado, minutos antes, el control de 27.000 ojivas atómicas a Boris Yeltsin y se había despedido por cadena de televisión, de una nación ya inexistente.

4. A 23 años

Una encuesta dirigida por el Centro Levada indica que el 61% de los rusos lamenta la desintegración de la URSS. Otra realizada por el Centro de Estudios de la Opinión Pública constató que si hoy se convocara a un referéndum proponiendo la reunificación de las tres ex repúblicas soviéticas eslavas, votarían por "Sí" el 51% de los rusos, el 45% de los ucranianos y sólo el 36% de los bielorrusos.

En Rusia nadie sintió orgullo por la disolución de la Unión Soviética, ni siquiera el entonces presidente del país, Borís Yeltsin. En resultado, a decir de Liukánov, hoy por hoy, la sociedad rusa no sabe qué es la Federación de Rusia. ¿Si es un nuevo estado formado en 1991 que continúa la historia nacional milenaria con todos los altibajos? ¿O es un fragmento de nuestra patria real que fue desintegrada hace 20 años y no tiene futuro en el estado actual? Las relaciones de Rusia con las ex repúblicas soviéticas dependen de la respuesta definitiva cuando la pregunta esencial sea formulada.

-¿Cuál fue el papel del Occidente en la desintegración de la Unión Soviética?

-Recuerdo una reunión en mi casa de Moscú. Tenía a Henry Kissinger como invitado. El habló mucho aquella tarde y dijo, entre otro: en los Estados Unidos siempre hemos tenido la URSS por enemigo deseando contribuir

en lo posible a su desmoronamiento. Sin embargo ahora, cuando esto es un hecho, no sabemos qué hacer. (Entrevista a Eduard Shevardnadze, por RIA Novosti)

Según reflexiones de Fidel Castro, en su libro Un grano de maíz, lo que nunca debió haber ocurrido en la URSS fue su propia desintegración. Ya el abandono del socialismo era evidente, el mismo Che Guevara lo avizoraba en los años 60 del siglo pasado, pero desunir a un pueblo que había permanecido unido por tantos siglos fue lo peor que sucedió. Tantos vínculos económicos, políticos y culturales se vieron huérfanos de un día para otro. Si bien muchos criticaron la “unión forzada” que los caracterizaba fue de esa misma naturaleza su desunión. Y ya vemos cómo nace, desde una posición más seria la Unión Euroasiática, con su firma constitutiva este 18 de noviembre de 2011, por los presidentes de Rusia, Bielorrusia y Kazajstán, y a la se unirán (estoy convencido de ello) muy pronto los demás miembros de la Unión Aduanera y la CEI.

Estadísticas

La población rusa ha disminuido de 148 millones en 1990 a alrededor de 138 millones hoy.

La tasa de suicidios se ha elevado un 60% desde 1989.

La expectativa de vida había caído 7 años, y luego subió 3, o sea que cayó 4 años.

El 75% de todos los embarazos tienen serias patologías; la infertilidad se ha incrementado a razón del 3% anual.

La tasa de mortalidad excede la de nacimientos en un 70%.

En una encuesta de 1998, los rusos de 18 años destacaban la prostitución o trabajar como asesinos, por encima de científicos, ingenieros o investigadores, como carreras atractivas para elegir.

Bibliografía

Entrevista a Eduard Shevardnadze. RIA Novosti, 2011

Entrevista a Stanislav Sushkévich, científico y hombre público bielorruso que entró en la historia como uno de los protagonistas de los acontecimientos que condujeron a la desintegración de la URSS.

Lukiánov, Fiodor (2011): Reflexiones en torno a la desaparición de la URSS. Agencia RIA Novosti.

RIA Novosti (2011): Reseña histórica sobre la intentona golpista de 1991.

Weissman, Suzi (s/f): El fracaso de la transición en Rusia.