el sueño

Ellos empinaban los papalotes, mientras yo volaba entre los hilos en lo alto del cielo. ¡Qué feliz me sentía entonces! Mis movimientos eran libres en todo espacio y la soltura me llenaba de gozo. Solo yo podía volar pero a mi corta edad no podía comprender  la connotación de tal privilegio, lo sentía  como algo común. Ellos también estaban contentos, les veía reír con sus cometas. Todos éramos felices y no había nada que envidiar.

Pero eso fue hace muchos años, en un tiempo tan lejano como un sueño. Ahora no puedo volar, aunque lo desee cada noche mientras duermo. Soy prisionero de mis prejuicios y de los que la sociedad me impone. Hoy no tengo amigos, no veo a nadie reír y todos se envidian entre sí. ¡Cuánto añoro la inocencia de aquellos primeros años!

Una ciudad ha sustituido al campo en mi lugar de vida. Una estrecha y dura cama es mi único refugio. A veces me pregunto por qué nací si nunca lo pedí. Muchas veces deseo morir pero le tengo mucho miedo a la muerte. Ya no tengo metas ni destino, solo sueños que no se harán realidad. Antes lloraba por la soledad, ahora no me imagino otra forma de vida. Mis capacidades y aptitudes se vuelven cada vez más torpes. Solo camino por las calles más solitarias de la ciudad.

Anoche encontré el sueño entre el llanto. Y soñé con un pasaje de mi infancia en el que todavía era capaz de volar. Al despertar me sentí alegre y descansado, pero al caer la tarde todo volvía a ser igual. No sé si esta noche vuelva a soñar con el gran sueño, aquel en que puedo volar, sentirme libre y a la vida amar.

Andrey V. Ruslanov (Redactado el 21.enero.2012)