El sueño de Eros

El despertar fue brusco. Todo su cuerpo sudaba y temblaba ante un desconocido frío. Sentado sobre su cama intentaba recobrar la tranquilidad.

_ ¿Qué ha sucedido?- preguntó la madre que llegaba- Tu grito ha hecho que tome a Miedo de la mano. Me ha traído corriendo.

_ Solo ha sido un sueño, madre- respondió Eros.

Afrodita acarició la suave cabellera y lo besó en la frente.

De nuevo a solas, Eros se acurrucó entre las sábanas en compañía de Miedo, quien lo abrazaba fuertemente. Pensaba sobre el sueño que había visitado en el reino de Morfeo. Tales imágenes le habían hecho reflexionar sobre una cuestión desconocida para su ser.

Pero ya Apolo reclamaba su presencia fuera de la morada, debía cumplir con sus quehaceres. Entonces puso en la cabeza el dorado casco y en la espalda el arco y el carcaj lleno de flechas. Su madre le transmitió varias imágenes y voló en dirección a la Tierra.

Una vez en el mundo de los mortales preparó la primera flecha. Observaba a dos jóvenes que con alegría conversaban y sin vacilar disparó sobre ambos corazones. Luego, como de costumbre, vio cómo se besaban. Pero esta vez dejó que Envidia se posara sobre su cabeza. “¿Quién me disparará a mí?”, se preguntó. Y volvió a recordar  el sueño. En ese momento apareció Constancia y le sacudió por los hombros, recordándole que aún debí cumplir con una lista de encargos.

De flecha en flecha transcurrió el día y al final de este ninguna quedó en el carcaj. Sentose, pues, a contemplar la llegada de la noche, vacilando el retorno al hogar. A lo lejos se veía el Olimpo, brillante y majestuoso.

“Nunca podrás amar, Eros, ese no es tu destino”, sentenció Zeus en su sueño, luego de haberle sorprendido con una mortal. Tal imagen no podía borrarse de su mente y temía que se repitiera en cuanto volviera a dormir.

Pero, ¿por qué habría de serle prohibido el amor a quien lo otorgaba cada día? Reflexionó. “Yo no descuidaría mi labor si amara y fuera amado. Mi madre es poseedora de tal privilegio”. Y fue entonces que descubrió la pregunta más importante: “¿Qué es el amor? Lo veo cada día mas no lo comprendo del todo. Nunca lo he sentido” Ahora lloraba con las lágrimas de Rabia e Impotencia.

“¡Iré en su búsqueda!”, exclamó resuelto. “No me importa lo que diga el padre Zeus”.

Así, lanzó el arco y el carcaj al Olimpo y bajó en forma humana a la tierra en busca del amor.

Dicen que nunca volvió al hogar de sus semejantes. Pero nadie sabe si descubrió o no a Amor.

Andrey V. Ruslanov (Redactado el 21.enero.2012)