El Sol, el padre y el hijo

Llegó a caballo de muy lejos. En su rostro se contemplaba el cansancio, pero en sus ojos aún perduraba el brillo del viejo deseo. Ya era de noche, y solo la Luna le dio la bienvenida de regreso al hogar de la infancia. Nadie custodiaba las puertas y las torres de las murallas estaban oscuras y vacías. El castillo lucía lúgubre y una fría ventisca recorría sus pasillos y corredores.

El joven jinete se quitó el caso, dejando expuesto el rostro de suaves líneas. Su melena calló sobre sus hombros, tal y como antes solía hacer. Caminó lentamente, recorriendo las que una vez fueran lujosas estancias; ahora yacían cubiertas por las cenizas y el abandono. Cada pared le evocaba una imagen, un recuerdo; algunos le hicieron sonreír, pero la mayoría le provocó una angustia tan fuerte que hizo brotar lágrimas de aquellos orgullosos ojos.

De niño el joven jinete alegraba a todos con su bella sonrisa y sus dulces palabras. En aquel entonces sus padres gobernaban juntos un próspero reino, donde la paz se había vuelto duradera. Pero aquel niño era diferente del resto, quienes lo rodeaban lo sabía muy bien. Y no porque fuera príncipe, bello o rico, sino porque su mente le impulsaba a hacer preguntas que pocos podían contestar, y su corazón lo incitaba a realizar acciones que no fueron bien acogidas por los adultos.

El pequeño delfín también se percató de todo ello, pero decidió continuar siendo tal y como era. Una valentía recorría sus venas con un brío que, a temprana edad, le enseñó a defenderse y hacer valer sus criterios. Para fortuna suya contaba con una madre que lo protegía a todo momento, tal vez, incluso, demasiado. No tanto así su padre, que si bien le profesaba su amor, aunque de extrañas maneras, siempre inquiría sobre él y le mostraba cuánto difería del proceder del heredero.

Y los años fueros pasando. El reino dejó de ser próspero y las guerras se volvieron frecuentes. Todos iban al combate, excepto el príncipe; su sobreprotectora madre se lo tenía prohibido, pese a que ya contaba con edad para ello y así lo deseaba. Este y otros problemas terminaron por deshacer el vínculo afectivo de la familia real. La madre se encerró en su torre el día en que el hijo huyó al campo de batalla, y el padre no perdía la oportunidad de hacerle ver cuán débil y torpe era para dichos menesteres.

Aun así el príncipe se empeñó en sus quehaceres y pronto fue señalado como uno de los más valientes. Iba el primero al combate y nunca dejaba abandonado a un herido. Mas, nunca dejó de ser quien era y ello le valió reiteradas peleas con los generales y su propio padre, quien lo trataba como si no fuera nada suyo.

La conflagración se hizo larga y ya nadie tenía la esperanza de poder triunfar. El reino estaba totalmente destruido. Quienes podían huir tomaban un barco y se hacían a la mar. Quienes se obstinaban morían luchando. Entre estos últimos se encontraba el príncipe, que ahora combatía en un regimiento alejado de la capital.

Entonces, un día, sin que nadie lo esperase, el enemigo decidió regresar a sus tierras y declaró la paz. Para ese momento pocas hierbas se encontraban vivas sobre los suelos, y un viento de hojas secas se paseaba por encima de los cuerpos sin vida que abundaban a lo largo de los caminos.

Fue en medio de estas circunstancias cuando el joven heraldo escuchó que el rey, su padre, yacía convaleciente en el castillo; y sin dudarlo galopó velozmente de vuelta al hogar.

Y he aquí, cuando el heredero se encontró nuevamente en el sitio donde comenzara su vida hacía ya casi dos décadas. Reunió fuerzas suficientes y se dirigió al aposento de su padre. Al entrar se encontró con el médico y este le dijo que todo estaría bien, que esa herida en su estómago pronto sanaría.

El hijo, pues, se sentó en el lecho y besó la frente del padre, que aún dormía. Luego se paró junto a la ventana y contempló el vasto reino que se extendía ante sus pies. Acarició con su diestra la manilla que el amor prohibido le regalar y sonrió pícaramente. El Sol se alzó por el horizonte y bendijo con su luz el rostro de aquel joven.

Andrey V. R.  14 de diciembre de 2014

Descargar libro de relatos completo (gratis)