el forastero y Alegría

El forastero había llegado preguntando sobre todo. Cuestionaba todas nuestras ideas y a cada minuto se le veía más confundido. Nadie supo de dónde salió, y por mucho que él mismo lo explicara a nosotros nos resultaba imposible entenderle, y a pesar de que aprendió con rapidez nuestra lengua no se adaptaba a nuestras costumbres.

Un día decidí pasar mucho tiempo con él; mostrarle los lugares más interesantes de nuestra tierra y con ello explicarle nuestra historia y el sentido de todo cuanto veía. Al primer lugar que le llevé fue a la gruta de los sobrevivientes. Era una especie de galería natural que se formaba entre el choque de dos montañas. Un lugar amplio y acogedor que sirvió de refugio una vez a nuestros antepasados.

Cuando llegamos corrió hasta las pinturas en las paredes. Las miraba con atención, reparando en cada una de sus siluetas.

_ De donde vengo me dedico a estudiar dibujos como estos. – me dijo de repente.

_ ¿Hay muchos allá?

_ No tantos, pero resultan muy valiosos para comprender nuestro pasado. La mayoría son un gran misterio aún.

_ ¿Conocen poco de su pasado? – me asombré.

_ Depende del país que se trate. Pero en general pienso que todavía nos queda mucho por descubrir.

Esta idea resultó del todo nueva para mí. No comprendí cómo un pueblo podía vivir sin conocer su propia historia. En ese momento supuse que se trataba de gente pobre y desorientada, mas verle a él me advirtió que no era así.

_ ¿No parecen muy antiguos estos dibujos? Tu pueblo debe ser bastante nuevo. ¿No tienen otros antepasados?

_ Es todo lo que sabemos y podemos verificar. Lo demás lo asumimos como simples historias para niños. – le respondí con una extraña sensación de miedo.

_ Historias como cuáles. – insistió.

Acerqué la antorcha a uno de los grabados.

_ El lugar de dónde provenían. El porqué de su viaje hasta estas tierras. El tipo de vida que llevaban antes…

_ Estoy seguro que esas historias podrían tener mucho más de verdad que estos mismos dibujos. – su expresión era intensa, seguro de sí mismo, pero al tiempo le desconcertaba todo lo que veía y escuchaba. Desde que llegó sus días habían sido de muchas emociones y aún parecía agotado.

Tomé la mano del forastero y lo saqué de la gruta. Nuevamente pudimos disfrutar del aire fresco que corre por nuestra tierra. Yo solté mi pelo y sonreí ante la dicha. Él me miró como si no hubiera mirado a una mujer en mucho tiempo, mas solo lo hizo con inocente curiosidad.

_ ¿Alguna vez has ido más allá de las montañas?

_ ¿Para qué? – le respondí.

_ ¿Alguno de ustedes lo ha hecho? ¿Acaso no sienten curiosidad?

_ En ocasiones la curiosidad puede ser muy peligrosa. No tenemos motivos para salir. Aquí está todo lo que necesitamos y la alegría de nuestros corazones sirve de alimento a El Padre. Ese es el gran legado de nuestros antepasados, la enseñanza que nos transmitieron de su propia experiencia. Ellos lucharon y sufrieron mucho para que nosotros tengamos hoy toda esta paz. ¿Qué puede haber allá fuera que pueda sernos útil?

Entonces pude ver que su rostro se contrajo. Tal vez pensaba en cosas buenas o malas, o simplemente se agobiaba con el recuerdo de un mundo al que no podría volver jamás.

_ Puede que tengas razón. De donde yo vengo hay muchas guerras, hambre miseria; pero también hay un tipo de alegría distinta a la que ustedes tienen aquí, una más… emocionante, apasionada. Creo que se debe al miedo constante por saber que pudiéramos perderla en cualquier momento y por eso la vivimos más intensamente.

_ No sé qué tipo de alegría pueda ser esa, pero si se basa en el miedo del que hablas… sencillamente no la quiero.

_ Sin embargo, la tuya me resulta tan extraña, diferente, inquietante. De todo aquello que no logro comprender de esta tierra es justamente eso lo que más me frustra.

Fue entonces, ante dicha pregunta, que se me ocurrió llevarlo a otro de los lugares más simbólicos de nuestra tierra. A pocos pasos de la gruta, en lo más tupido del bosque, hay un pequeño estanque al que la gente suele ir cuando su corazón se llena de tristeza o preguntas que agobian el alma.

_ Hace muchos años, una de nuestras antiguas reinas se había quedado sola. Su rey no pudo acompañarles en el viaje hacia estas tierras, a fin de cumplir una misión. Él le prometió que volvería y ella lo esperó con devoción. Dicen que se sentaba aquí a mirar las aguas. Algunos afirman que le transmitían paz, otros aseguran que podía ver a través de ellas todo cuanto deseara. Lo cierto es que raramente se apartaba del estanque y con el pasar de los años se convirtió en su hogar.

Yo me senté en la mítica roca, imitando a esa venerable dama de nuestro pasado. Él recorrió con lentos pasos el borde del estanque, con la mirada en el suelo y el oído atento a mis palabras.

_ Su constancia inspiró a muchos, y este reino nació en parte gracias al ejemplo de esta mujer, quien recordaba a todos, día a día, que el sacrificio valía la pena. Dicen que ya cerca de la muerte, la entonces ya anciana escuchó los pasos del amado que regresaba. La alegría de aquel encuentro hizo brillar con intensidad la perla que se esconde en el fondo del estanque y que ello fue la señal de El Padre para que todos comprendiéramos que es justamente ese sentimiento el que lo alimenta. Por ello, cuando no sentimos la suficiente alegría en nuestras mentes y corazones, venimos aquí a curarnos y pensar sobre nuestras vidas.

Él reparó en la tenue luz que salía de las profundidades del agua, y se percató como por vez primera, que tal resplandor era el único capaz de disipar las sombras de aquel tupido rincón del bosque.

_ Aun así no entiendo qué es lo que hace diferente y especial a su “alegría”. ¿Por qué la de ustedes es diferente del todo a la nuestra y más especial?

_ Ustedes creen en ella, porque tienen el miedo constante a perderla. Nosotros, en cambio, la sentimos, porque sabemos que solo nosotros somos capaces de crearla dentro de nuestras esencias.

Entonces recordé a la antigua reina, y cómo nuestro pueblo la venera. Él, como de costumbre, continuó sin comprender mucho mis palabras, sin embargo, puede ver esta vez en sus ojos un brillo distinto; solo que tendría que esperar aún mucho más para descubrir de qué se trataba.

Andrey V. R. / 7.febrero.2016

RELATO COMPLEMENTARIO AL LIBRO “ALEGRÍA” DE “EQUILIBRIUM”